EL FRUTO DEL ESPIRITU SANTO
Gálatas 5:16 -26
PROPOSITO: Entendiendo y viviendo bajo el fruto del Espíritu.
Introducción
¿Qué necesitas para que tu vida exprese el fruto del Espíritu Santo? Algunos piensan que si han creído en el Señor Jesús, esto es suficiente. El problema es que pueden llevar años y años y sentirse frustrados porque todas las cualidades que en el fruto se mencionan no parecen expresarse en su vida. Desean tener el amor, el gozo, la paz, la paciencia, la benignidad, la bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio que da el Espíritu y se pregunta ¿qué puedo hacer para tenerlos? La Palabra de hoy, tiene el propósito de ayudarte a conseguir que el fruto sea para ti.
1. El fruto del Espíritu Santo.
"En cambio, el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio. No hay ley que condene estas cosas" (vv.22-23).
John Stott, reconocido escritor cristiano afirma: "la sola enumeración de estas gracias cristianas debiera ser suficiente para que se nos haga agua la boca y el corazón palpite con mayor celeridad. Porque aquí tenemos un retrato de Jesucristo. Ningún hombre o mujer ha exhibido jamás estas cualidades con tal equilibrio o en tal perfección como Jesucristo. Pero ésta es justamente la clase de persona que todo cristiano anhela ser".
Al pensar en estas palabras me doy cuenta que esto es lo que quiero para mi vida, lo deseo, anhelo que mi vida este marcada por estas cualidades, soy consciente de lo bueno que será para mí el amor, el gozo, la paz, la paciencia, la benignidad, la bondad, la fidelidad, la mansedumbre y el dominio propio. Todos los que somos hijos de Dios deseamos esto.
Para darle el valor correcto al fruto del Espíritu vamos a considerar una división que nos permitir ver mejor cómo el fruto afecta a nuestras relaciones:
1) Nuestras relaciones con Dios. Las primeras tres cualidades: amor, gozo y paz afectan nuestra relación con Dios. El Espíritu Santo pone el amor de Dios en nuestros corazones, el gozo de Dios en nuestras almas y la paz en nuestras mentes. Así todo nuestro ser es penetrado por el Espíritu de tal manera que todo lo que se hace está pensado en amor, emprendido con gozo y llevado a cabo en paz.
2) Nuestras relaciones con otros. Paciencia, benignidad, bondad, son las cualidades que necesitamos para tratar al otro. Tenemos la paciencia que nos lleva a soportar la falta de cortesía y amabilidad de los otros y que se niega a devolver con la misma moneda. La benignidad que nos lleva a ser tolerantes pero a su vez benévolos al desear el bien a los otros; también se le conoce como amabilidad. Por último está la bondad que nos lleva a tomar la iniciativa para servir a los demás de manera concreta y constructiva. La obra de estas virtudes en nosotros nos lleva a mejorar nuestra actitud hacia los otros.
3) Nuestras relaciones con nosotros. Fidelidad, mansedumbre, dominio propio son las virtudes que nos permiten una buena relación con nosotros mismos. La fidelidad es la virtud por la cual nos hacemos confiables a los demás, confiabilidad que nos ganamos porque cumplimos nuestras promesas y terminamos con las tareas que asumimos. La mansedumbre es la cualidad por la cual cedemos nuestros derechos sobre los demás, es la que nos lleva a someternos a los otros, me hacer fuerte y enérgico en este valor. El dominio propio es la virtud por la cual tengo auto dominio de mi lengua, mis pensamientos, apetitos y pasiones. Estos valores me llevan a sentirme bien conmigo mismo.
El fruto del Espíritu nos lleva a ser como Cristo teniendo una correcta relación con Dios, los otros y con nosotros mismos.
2. Lo sobrenatural del fruto del Espíritu.
"En cambio, el fruto del Espíritu..." (v.22a).
El origen del fruto es de carácter sobrenatural. Nos viene del Espíritu Santo. Al mirar el contexto, Gálatas 5:16-26 nos damos cuenta que la discusión de Pablo gira sobre los dos estilos de vida que se manifiestan en el género humano. El apóstol nos dice que existen un grupo de actividades como: la inmoralidad sexual, impureza y libertinaje...odio, discordia, celos, entre otras, que tienen su origen en la carne. Por carne, Pablo se refiere a nuestra naturaleza pecaminosa. Por lo tanto cuando contamos con nuestra naturaleza como único recurso para vivir entonces las obras o frutos que se producirán en nuestra vida serán las obras de la carne. Pablo señala que estar involucrados en su práctica terminarán dejando al hombre sin herencia en el reino de Dios, "Les advierto ahora, como antes lo hice, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios" (v.21).
El otro estilo de vida es de origen sobrenatural, es decir, se da cuando el único recurso para la vida al Espíritu Santo. Es el de la plenitud del Espíritu Santo. Para alcanzarla, Pablo afirma: "Los que son de Cristo Jesús han crucificado la naturaleza pecaminosa, con sus pasiones y deseos" (v24). ¿Qué quiere decir esto? Que necesitamos morir a la naturaleza pecaminosa, dejarla clavada allí en la cruz y no bajarla más. Cuando ocurre esto, entonces en tu vida empezarás a ver el fruto del Espíritu, esto porque será él quien vivirá en ti con plena libertad para llenar tu vida. Él será tu único recurso para vivir.
Esto nos lleva a otro punto. Ser lleno del Espíritu Santo es manifestar el fruto del Espíritu en nuestras vidas. Ser lleno del Espíritu Santo no es tener experiencias místicas, ser lleno es tener amor a Dios y a los hermanos, es tener paciencia con el insoportable, es expresar una actitud de mansedumbre allí en donde todos reclaman sus derechos.
Si vamos a experimentar el fruto necesitamos abrirnos a la vida sobrenatural porque su origen tiene que ver con el Espíritu Santo.
3. Lo natural del fruto del Espíritu Santo
"No se engañen: de Dios nadie se burla. Cada uno cosecha lo que siembra. El que siembra para agradar a su naturaleza pecaminosa, de es misma naturaleza cosechará destrucción; el que siembra para agradar al Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna" (6:7-8).
"No os engañéis, Dios no puede ser burlado; pues todo lo que el hombre sembrare, so también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; más el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna" (6:7-8).
Si tú te has preguntado ¿Por qué el fruto del Espíritu Santo no se expresa en mi vida? Aquí está la respuesta. Imagina que tú has sembrado papas en un campo de 20 hectáreas, luego que ha pasado todo el proceso para su crecimiento, tú vienes para cosechar. Empiezas a sacar los primeros frutos y resulta que al ver asomarse las primeras papas, de pronto tú estallas de ira y gritas diciendo, "pero como es posible que suceda esto, yo esperaba arroz, yo no quiero papas, yo deseo arroz", y terminas tu explosión diciendo: "he sido cruelmente engañado". En realidad si haces esto, estás totalmente loco. Alguien te diría, sabes si querías arroz, debías de sembrar arroz y no papas. Bueno, esta es una ley natural. Lo que siembras has de cosechar, no puedes engañar a esta ley.
Ahora, resulta que tu siembras para agradar a tu naturaleza pecaminosa, ¿qué es lo que vas a cosechar? Pablo dice que no va ha ver sorpresa alguna, vas a cosechar corrupción, es decir algo que huele muy, pero muy mal. Pero, si tú por el contrario siembras para el Espíritu, ¿qué vas ha cosechar? Vida eterna.
Entonces, supongamos que tú te pasas el día sembrando: críticas, rebeldía, murmuración, chismes, descontento, quejas. ¿Qué clase de cosecha vas ha tener? Si pasar horas en programas de adolescentes en donde se promueve no solo que los adolescentes enamores sino se incentivan las relaciones sexuales, o en aquellos que se promueve que ellos establezcan sus propias normas rebelándose contra sus padres. ¿Qué semillas están sembrando nuestros adolescentes? Entonces, ¿qué van a cosechar?
Si en un hogar, los padres no tienen tiempo para sus hijos, no tienen el culto familiar, ellos mismos no oran, no se involucran con la iglesia. ¿Qué semillas están sembrando? ¿Cuál es entonces la cosecha que tendrán?
Hermanos, no hay sorpresas, lo que vamos a cosechar será corrupción, entonces tendremos una vida que huele mal, un hogar que huele mal, una iglesia que huele mal.
Pero, y si hacemos lo contrario. Si sembramos, palabras de aliento, sujeción, agradecimiento, cánticos espirituales, honra a los padres, tiempo de oración familiar y lectura de la Palabra. Si cuidamos los programas de televisión que miramos, o escuchamos música que alaba a Dios. Entonces ¿qué vamos a cosechar? Vida eterna y por fin el fruto del Espíritu coronará su vida delante de Dios y de los hombres.
Solamente quien sigue esta ley podrá ver en su vida el fruto del Espíritu.
Conclusión.
Para que el fruto del Espíritu sea nuestro necesitamos aceptar que el Espíritu sea nuestro único recurso para vivir. Si cada día sembramos semillas espirituales, entonces, veremos con gozo como cosecharemos el fruto del Espíritu en nuestras vidas.
